FLAMENCO
Juan Carmona Pérez se entregó sin reservas en un recital amplio, valiente y lleno de matices, donde lo antiguo dialogó con su forma personal de entender el flamenco. Hubo memoria y hubo riesgo. Hubo respeto a los maestros y una voz con sello propio.
Se acordó de Pepe Marchena, Juanito Valderrama, Enrique Morente, Fosforito… y los trajo al presente con naturalidad, sin imitación, desde el conocimiento y el cariño.
Sonaron malagueñas, fandango de Lucena, verdiales lucentinos y el fandango de Frasquito Yerbabuena. Tarantas, alegrías de Córdoba, guajira, cantes de trilla. Soleá, seguiriyas, tangos, tanguillos de Cádiz… y ese “Romance a Córdoba” que nos dejó suspendidos en el tiempo. Un recorrido generoso, pensado para el buen aficionado.
A la guitarra, Juan José Gutiérrez ‘El Calao’ firmó un acompañamiento impecable: toque clásico, fresco, medido, siempre al servicio del cante y con momentos de brillo propio.
Fue una noche memorable. De las que dejan un gusto exquisito y la sensación de haber asistido a algo que no se repite igual dos veces.




















