FUNERAL POR LAS VÍCTIMAS
El pasado 18 de enero tuvo lugar en el término municipal de Adamuz (Córdoba) un accidente ferroviario que se cobró las vidas de 45 personas. Dos días después, la noche del martes 20 de enero, el maquinista sevillano en prácticas Fernando Huerta fallecía víctima del accidente que afectó a un tren de cercanías en Gelida (Barcelona). Hoy, la catedral de Sevilla ha acogido la misa funeral por las víctimas mortales de ambos accidentes, que ha presidido el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses.
Al comienzo de su homilía, don José Ángel ha enviado un saludo especial a los familiares de Fernando Huerta, “a los hermanos de la Macarena y a los representantes del Sevilla Fútbol Club”. El fallecido era un miembro activo de la corporación de la Madrugada y un reconocido seguidor del club de Nervión.
“Ante una tragedia tan grande no es fácil pronunciar palabras”. De esta forma ha comenzado su homilía, subrayando que “cuando la herida está abierta, cuando la ausencia es tan dolorosa, cuando nos invade la oscuridad, es más importante y eficaz la presencia cercana, el silencio respetuoso, la oración esperanzada”. En este contexto, el arzobispo ha asegurado que la Iglesia quiere, ante todo, “estar junto a los que lloran, sostener a quienes se sienten sin fuerzas, acompañar a aquellos que no alcanzan a comprender lo sucedido”. Y hacerlo como comunidad, “porque nadie -ha añadido- debe sentirse solo”.
El arzobispo ha expresado la “condolencia más sincera” a los familiares de los fallecidos, la cercanía a los heridos y a quienes siguen convalecientes, “y nuestro abrazo a tantas personas afectadas de un modo u otro”.




















