Mil quinientas personas se han congregado en la Catedral de Córdoba para celebrar el funeral en sufragio por las víctimas de Adamuz cuando se cumplen 13 días del accidente ferroviario

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ACCIDENTE FERROVIARIO DE ADAMUZ                                                                            MISA FUNERAL EN CÓRDOBA

El silencio ha presidido la misa funeral celebrada en la Catedral de Córdoba por las 46 víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Adamuz el 18 de enero. A la Eucaristía en memoria de los fallecidos, presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, y concelebrada por el obispo emérito, monseñor Demetrio Fernández, miembros del Cabildo Catedral y sacerdotes, se ha unido el presidente de la Diputación de Huelva, que ha acompañado a su homólogo de Córdoba.

Como ya ocurriera en Adamuz el pasado domingo, al funeral ha asistido el presidente del Parlamento Andaluz, los alcaldes de Córdoba y Adamuz y de poblaciones cercanas que se vieron sacudidas por la tragedia. Los consejeros de Justicia y Universidades, así como la Subdelegada del Gobierno, el delegado del Gobierno de la Junta en Córdoba, entre otras autoridades civiles, académicas y militares, se han unido a la oración para arropar a los familiares de Samuel, nacido en Córdoba y residente en Málaga, que falleció en el siniestro. En el presbiterio se han situado efectivos de la Guardia Civil, Policía Nacional, Protección Civil, Bomberos y personal sanitario que formó parte del dispositivo de emergencia cuando se produjo el accidente para rezar por los fallecidos.

En la liturgia del IV domingo del tiempo ordinario, la Palabra de Dios da a conocer  las Bienaventuranzas con las que Dios sella la alianza con su pueblo, del evangelio de San Marcos, ha partido la homilía del obispo de Córdoba en cuyo inicio ha asegurado que en condiciones normales la meta de todo ser humano es la felicidad y cuando llega la desgracia parece inalcanzable “cuando el viento de la vida se vuelve contrario y llega la desgracia, el sufrimiento es mucho mayor porque se nos hace imposible creer que esa meta es alcanzable y la felicidad se nos escapa de entre los dedos”. En este contexto de dolor por la pérdida repentina y trágica, el Obispo ha ofrecido la propuesta de Jesús para alcanzarla a través de las Bienaventuranzas, “un texto que nos deja un poco perplejos porque parece una locura que uno pueda creer que se puede ser feliz desde la pobreza, el sufrimiento, o el llanto; hasta podría decirse que según una lógica humana y a corto plazo, la propuesta de Jesús parece incluso estúpida”. Sin embargo, al proclamar las bienaventuranzas es Señor señala el verdadero camino a seguir para encontrar la felicidad, ha explicado, porque “nuestro Dios no es masoquista” y no afirma que son felices los pobres de espíritu, los pobres y los que lloran,  los que tienen hambre y sed de justicia, lo que afirma es que comenzarán a ser felices “porque llega el Reino de los Cielos” y Dios no los olvida saliendo en su auxilio por ser depositarios de los dones divinos: “la razón de la dicha no es la situación actual sino la nueva condición de los bienaventurados que reciben como regalo a Dios”.

Una de las puertas que conduce a la Bienaventuranza es la del llanto. A los que lloran el Señor les promete el consuelo y desde el día 18 de enero, cuando se produjo el accidente ferroviario en el que perdieron la vida 46 personas, dos de ellas de Córdoba, los rostros de familiares y amigos se han cubierto de lágrimas y “buceando en lo acontecido podemos encontrar alguna luz, algún rayo de esperanza que nos sirva de consuelo como ha prometido el Señor”.

Así el Obispo ha defendido la fe para encontrar la esperanza e igual que pronunció el domingo pasado en Adamuz “Dios estaba allí, en medio de la  noche dando luz; en medio del dolor dando alivio; en medio de la muerte dando vida eterna”, como atestiguaron algunos supervivientes al compartir su oración, su testimonio y su confianza en la intercesión de sus fallecidos. A los familiares los ha consolado el amor desplegado por los servicios que organizaron la evacuación de los heridos y atendieron a las víctimas de las distintas administraciones con su gestión, “han moderado nuestras lágrimas los vecinos de Adamuz “, ha dicho el Obispo, que también ha subrayado la labor de hospitales, sanitarios y los sacerdotes.

Este servicio y trabajo en el momento del accidente es una manifestación de promesa del Señor de que “llegaría el consuelo a los que sufren” y junto al regalo de Dios se ha de añadir un compromiso difícil porque ante el mensaje de Jesús nos atrae, el mundo nos lleva a otro estilo de vida y “solo podemos vivir las bienaventuranzas si el Espíritu Santo nos libera de nuestra debilidad”.

Monseñor Jesús Fernández, ha destacado en su homilía que todavía queda mucho sufrimiento que aliviar y heridas que cerrar y por eso será necesaria la solidaridad y justicia que predica el profeta Sofonías, “Jesucristo ofrece bienaventuranza a los que tienen hambre y sed de justicia: que se conozca la verdad y se haga justicia es un imperativo ético ineludible en este momento”. La Iglesia que peregrina en Córdoba “os convoca a todos” a llevar adelante este compromiso para restablecer el reino de los cielos se abrirá entre nosotros que como anticipo es la Eucaristía, donde irrumpe la historia y nos lleva a vivir la experiencia de la vida plena, la comunión, al justicia, el amor y la paz, ha concluido.