El Archivo Histórico Provincial de Jaén acoge una exposición sobre las minas de la Comarca Norte

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El Archivo Histórico Provincial de Jaén acoge la exposición de documentos relacionados con la actividad minera de la provincia bajo el lema  “El duro trabajo de la mina”, que está abierta hasta el 15 de mayo.

Aunque las comarcas de Linares y La Carolina fueron las zonas mineras jiennenses de referencia, hubo explotaciones de mineral en toda la provincia. Como ejemplo de este amplio legado y su vinculación histórica al mundo de la salud y la seguridad laboral, la muestra expone tres documentos, dos expedientes y el plano de una mina de Torrequebradilla. Se trata de una antigua explotación situada en una localidad próxima a la ciudad de Jaén, unida desde hace poco tiempo a la de Villargordo para formar el municipio de Villatorres.

En primer lugar, se expone el plano de laboreo elaborado el 2 de enero de 1936 por el ingeniero de minas y director facultativo de la mina de hierro “San Gregorio y Ampliación”, explotada en ese año por la Sociedad Óxidos Rojos de Málaga S.A. Con anterioridad, se había constituido en 1916 la Sociedad Española de Óxidos y Pinturas para explotar los yacimientos de hematites rojos en Torrequebradilla. En el citado plano se ve el alzado y la planta de la mina, los filones de material, los pozos de desagüe, el punto de acceso y la vagoneta de extracción.

Igualmente, se expone un expediente procedente de la serie de Policía Minera. Este tipo de documentos dejan constancia de las incidencias que se comunicaban al Estado en la explotación de las minas, desde la apertura de un pozo, la instalación de una máquina, o de un accidente, con la investigación que hacía los inspectores estatales. En uno de estos expedientes, del año 1955, se informa de que en la mina de San Gregorio y Ampliación trabajaban cinco obreros en el interior y ninguno fuera. Todos ellos habían adquirido la enfermedad de la silicosis en primer grado, por lo que el ingeniero jefe del distrito minero de la provincia de Jaén informó que era obligación de la compañía buscarles un trabajo adecuado “para que no queden en tan malas condiciones de subsistencia, como supone encontrarse enfermos y sin trabajo”. Sin embargo, al no haber ya mercado para ese producto, la empresa procedió a darlos de baja.

La exposición también hace referencia a que el riesgo para la seguridad y la salud que implicaban las minas no solo afectaba a los obreros, sino también a los vecinos de los municipios donde se ubicaban, como ocurrió tras el socavón producido en el año 1971 en la calle Mesones, como consecuencia de la Mina de Torrequebradilla. Había sido abandonada, pero no se había cumplido con la obligación de hacer un relleno completo, sobre todo en las proximidades de la población. Así lo recoge el expediente expuesto procedente de la Sección de Minas de la Delegación de Industria.

La importancia de la minería en Jaén fue grande a lo largo de la Historia y así lo atestiguan los escritores de la Antigüedad. Griegos y romanos codiciaron la extracción de plata, plomo, cobre, hierro. Aníbal cuando se casó con Himilce, hija del rey de Cástulo, recibió como dote la mina de Baebelo. En la Edad Media, los fueros destacan su importancia y cuando se concede el de Baeza, o del de Iznatoraf, se indica expresamente que se hace con montes, fuentes, pastos, ríos, salinas “e con venas de plata e veneras de fierro e de cualquier metal”. Sin embargo, el verdadero auge de la minería jiennense se produjo en el siglo XIX.

Obtener metales del subsuelo no era tarea fácil y en ellas el riesgo era un factor fundamental que fue disminuyendo conforme avanzaron los procesos técnicos de extracción y las empresas los implantaban, pero nunca desapareció. Dicho  riesgo se manifestaba de dos formas: una directa, cuando se producía un accidente, y otra más lenta e indirecta, la enfermedad profesional, en la que no siempre fue fácil demostrar su causa-efecto ya que podía confundirse con enfermedades comunes.

La falta de instalaciones de seguridad y elementos de protección, las malas condiciones de trabajo, de alimentación o de vida causaban los accidentes. A ello, se unían, interminables jornadas de trabajo.

En cuanto a las enfermedades profesionales, se asociaban a trabajar en un ambiente cerrado, inhalando constantemente polvo, lo que provocaba trastornos en el pulmón, la llamada neumoconiosis. Si las partículas de polvo contenían sílice, se producía silicosis, sólo reconocida en España como enfermedad profesional en los años treinta del siglo pasado.

Muchas de las condiciones indicadas anteriormente incidían en este segundo caso, pues la falta de higiene, en el trabajo y en el hogar, favorecían la cadena de infección. Enfermedades como la anquilostomiasis hicieron mella en la clase minera. Estas penosidades llegaron a afectar a mujeres y niños, aunque este grupo realizó trabajos en el exterior de la mina, excepto algunos niños, que fueron utilizados para el traslado del material y para llevar agua.